San Pedro – Carrera de Patos

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SAN PEDRO – CARRERA DE PATOS
PERFORMANCE
2019

Conexión de Artistas en Riesgo (NYC) - Fundación de Artes Visuales Andy Warhol (NYC)
@PENAMERICA @BAAD! BRONX. Diseño de sonido y edición de video: Luigi Bridges
Agradecimientos especiales:
BAAD-ARC, Alejandro Belli, John Graham, Rene Medina, Darling Song y Raquel López.

TEXTO PERFORMATIVO
ACTO UNO

Ahora estoy aquí esperando encontrar mi voz y tratando de ejercitar los músculos de mi memoria. ¿La memoria tiene músculos? Yo creo que sí, porque el polvo se me viene a la garganta y tengo una extraña sensación atravesada en mi pecho que me recuerda a mí pueblo.
Cada vez que pienso en mi pueblo siento los nudos en mi garganta -que son tantos- pero especialmente aquel miedo hecho nudo que sentía desde pequeña al decir mi nombre, a esa imposibilidad de soltar mi voz y a mi cuerpo paralizado ante cualquier intento de nombrarme de algún modo.
Aun así, estoy contenta de intentar tejer esta historia. Reconozco ahora que mi garganta contiene en ella todas mis emociones soterradas, aquellas que nunca quise reconocer ni tampoco dejar salir. Y es aquí donde siento mi voz queriendo nacer y donde también siento a esta historia atragantada.
*
Sin embargo, sigo aquí… esperando. Tal vez que me nazca otra voz con otra historia, no lo sé, lo que sí sé es que no me gusta esperar.
Otras veces, lo que sentía no eran nudos en mi garganta si no una sensación como de desamarres infinitos y continuos por todos lados. Como cuando lograba entrar a la cocina sin ser regañado por culpa de este cuerpo que cargo y me sentaba a echar tortillas y cantar cualquier canción que sonara en la radio. Echar tortillas se sentía como un baile entre mis manos y la masa, un baile que al presionar justo con la fuerza y la constancia necesaria terminaba una forma circular lista para ser tirada al comal. Recuerdo el sabor de la tortilla apurruñada con queso y crema en los dedos de mi abuela dándome de comer con sus manos como si yo fuera un pájaro. Disfrutaba tanto de hacer tortillas y quizás solo eran mis ansias en devenir pájaro para entonces imaginarme en otros territorios más amables con esta existencia mía.
También recuerdo que desde muy pequeña no entendía porque yo no era un hombre, aunque siempre se encargaran de recordármelo. En una ocasión -con mis puños cerrados y mis dientes apretados- me encontraba luchando contra una mata de chagüite mientras una voz me decía: “dale, pégale más duro, como hombre, hasta que destruyas la mata, dale, aprende a ser un hombre, vos podes”. En un momento me canse de tanto tirar golpes y paré, miré mis heridas y la planta golpeada y sentí enojo, ira, tristeza, confusión, sentí tantas cosas al mismo tiempo. Ver a un ser vivo maltratado a causa de mi entrenamiento para convertirme en un hombre me había dejado otra vez muda y con un nuevo nudo en mi garganta.
Desde ese entonces me di cuenta que nunca fui un hombre, que nunca sería un hombre y que tampoco yo quería serlo.
*
Mientras sostengo al portero del cielo -San Pedro- en mis brazos, recuerdo las fiestas en su honor. Los sonidos de los caballos cabalgando de un lado al otro y el rastro del polvo que se levantaba hacia el cielo detrás de ellos, también puedo escuchar la música de chicheros que llegaba hasta las puertas de mi casa. Con lo poco que desde lejos lograba ver, pensaba que se trataba de un juego muy extraño y bastante curioso. Era el juego donde hombres intentaban arrancar un pedazo de nube que se mecía en el cielo.
Salí de la casa corriendo y me metí entre la gente a como pude para ver más de cerca a los hombres jugar y cuando por fin logré acercarme lo suficiente, no recuerdo mucho. Solo recuerdo que de repente todo se volvió rojo y sentir un líquido caliente cayendo sobre mi rostro. Me tomo un instante para darme cuenta que se trataba de sangre cayendo del cielo. A través del velo rojo en mis ojos solo lograba ver rostros de hombres felices celebrar.
Entonces lo entendí. Los hombres de mi pueblo celebraban por haberle arrancado la cabeza a un pato, no jugaban a tomar nubes con sus manos. Fue entonces sus voces salieron de mi memoria para recordarme: no sos una mujer, no sos un hombre ¿es que acaso sos pato vos?
Un cuerpo que no puede contar su propia verdad, es un cuerpo silenciado y mutilado por la historia de otro. Yo ahora estoy aquí, dándole voz a esta historia.
*
¿En qué territorio suelto este duelo? ¿Dónde pertenece este dolor?
¿Será este puente de maíz, sangre y plumas suficiente para llevarme a cualquier otro lado?
¿De dónde guindo el peso de esta memoria y dónde cuelgo esta historia rota escrita debajo de mi piel? ¿Qué horizontes son posibles para este cuerpo/territorio mío?